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Zen y artes marciales

Desde el alba de su historia, el ser humano ha manifestado el deseo de superarse en fuerza y en sabiduría, aspirando a alcanzar la fuerza más grande y la más alta sabiduría.

Pero, ¿cómo se puede llegar a ser fuerte y sabio a la vez? Esta es la Vía del Zen y de las Artes Marciales Tradicionales. El Zen ha enseñado siempre las dos Vías en una sola: desarrollo de la fuerza y de la sabiduría. Ambos aspectos son necesarios e interdependientes.

 
El desarrollo de la fuerza únicamente conduce al embrutecimiento, a la competición y al orgullo. Muchos problemas y dificultades surgen de esta actitud unilateral. Por otra parte, la sabiduría sin la fuerza es ineficaz y no puede transformarnos ni actuar sobre el mundo.
 
En las Artes Marciales Tradicionales se desarrollaba la fuerza necesaria y al mismo tiempo la sabiduría para controlar y dirigir esta fuerza hacia una dimensión elevada. Esta dimensión no puede ser otra que el conocimiento de sí mismo, del propio cuerpo y espíritu, hacerse íntimo consigo mismo.
Las Artes Marciales modernas están en general muy lejos de su espíritu original. Hoy día se han convertido en un deporte, en una competición, y sus practicantes están lejos del espíritu y del ideal del Bushido (camino del guerrero) auténtico.
 
Cuando la enseñanza Zen y el espíritu del Bushido llegaron al Japón, el país estaba envuelto en continuas luchas sangrientas entre los distintos clanes y feudos. Progresivamente, el Zen y el espíritu de las artes marciales tradicionales chinas consiguieron "detener el sable" y convertirlo en un soporte de meditación e introspección. Así surgió el kendo, la esgrima japonesa. En cuanto al arco y la flecha, su objetivo dejó de ser el corazón del "enemigo". El blanco perdió importancia, el verdadero blanco fue, a partir de entonces, el propio espíritu ilusorio y limitado por las concepciones estrechas de nuestra personalidad. Así nació el kyudo, la vía del tiro con arco.
 
La intimidad permite controlar el cuerpo y el espíritu y nos hace superar la personalidad estrecha, el ego, sus impulsos y su afán de conquistar y vencer a los demás.
 
Por contradictorio que parezca, el secreto del kendo, la vía del sable, es no desenvainar nunca el sable, es decir, desarrollar una fuerza y una sabiduría espiritual capaces de intuir con antelación la posibilidad de luchar y evitar que esas posibilidades se hagan reales.
La esencia de las Artes Marciales y del Zen es "no combatir", sino despertarse al tronco común que nos une con todas las existencias del universo.